Emprender es un camino solitario, pero las posibilidades de éxito crecen cuando aprendemos a tejer relaciones auténticas, sólidas y estratégicas.

Durante las últimas dos semanas, como directora de una aceleradora que lidero, he tenido la oportunidad de entrevistar a startups que buscan ingresar a nuestro programa. Lo más interesante fue escuchar que su principal motivación no era únicamente el acceso a financiamiento o mentorías, sino la posibilidad de abrir nuevas redes de contacto. Para ellos, la visibilidad y la confianza que brinda la aceleradora representaban el verdadero valor agregado.
Esa experiencia me hizo recordar el inicio de la Camebol y lo valioso que fue impulsar la creación de la misma. Al estar con las mujeres emprendedoras comprendí la importancia de generar espacios que permitan, primero, conocer a personas clave y, después, conectar genuinamente con ellas. En esos encuentros no solo nacen oportunidades de negocio, sino también se encuentran mentoras y se siembran las semillas de alianzas estratégicas.
Muchas veces los emprendedores nos acercamos a la creación de redes de manera intuitiva, casi casual. Sin embargo, deberíamos hacerlo de manera estratégica, identificando qué comunidades, foros o programas pueden acercarnos a quienes realmente pueden contribuir a nuestros objetivos. Así, el capital social se convierte en un recurso tan valioso como el capital financiero.
Por otro lado, generar redes de valor exige un elemento fundamental: la generosidad. Construir confianza implica compartir, aportar y dar antes de esperar recibir. Y aunque a veces puede resultar incómodo, sobre todo en contextos donde cuidamos cada recurso, esta actitud es la que abre puertas y multiplica oportunidades.
En definitiva, emprender es un camino solitario, pero las posibilidades de éxito crecen cuando aprendemos a tejer relaciones auténticas, sólidas y estratégicas.
Durante las últimas dos semanas, como directora de una aceleradora que lidero, he tenido la oportunidad de entrevistar a startups que buscan ingresar a nuestro programa. Lo más intere-sante fue escuchar que su principal motivación no era únicamente el acceso a financiamiento o mentorías, sino la posibilidad de abrir nuevas redes de contacto. Para ellos, la visibilidad y la confianza que brinda la aceleradora representaban el verdadero valor agregado.
Esa experiencia me hizo recordar el inicio de la Camebol y lo valioso que fue impulsar la creación de la misma. Al estar con las mujeres emprendedoras comprendí la importancia de generar espacios que permitan, primero, conocer a personas clave y, después, conectar genuinamente con ellas. En esos encuentros no solo nacen oportunidades de negocio, sino también se en-cuentran mentoras y se siembran las semillas de alianzas estratégicas.
Muchas veces los emprendedores nos acercamos a la creación de redes de manera intuitiva, casi casual. Sin embargo, deberíamos hacerlo de manera estratégica, identificando qué comu-nidades, foros o programas pueden acercarnos a quienes realmente pueden contribuir a nues-tros objetivos. Así, el capital social se convierte en un recurso tan valioso como el capital finan-ciero.
Por otro lado, generar redes de valor exige un elemento fundamental: la generosidad. Cons-truir confianza implica compartir, aportar y dar antes de esperar recibir. Y aunque a veces pue-de resultar incómodo, sobre todo en contextos donde cuidamos cada recurso, esta actitud es la que abre puertas y multiplica oportunidades.
En definitiva, emprender es un camino solitario, pero las posibilidades de éxito crecen cuando aprendemos a tejer relaciones auténticas, sólidas y estratégicas.
𝐕𝐈𝐕𝐈𝐀𝐍𝐀 𝐂𝐎𝐋𝐎𝐌𝐀 𝐌𝐄𝐍𝐀𝐂𝐇𝐎
𝐂𝐨𝐚𝐜𝐡 𝐎𝐧𝐭𝐨𝐥𝐨́𝐠𝐢𝐜𝐚 𝐲 𝐄𝐦𝐩𝐫𝐞𝐬𝐚𝐫𝐢𝐚𝐥.
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